1.4.2 Ética empresarial

Progreso del Lección
0% Completado

La ética se define por la Real Academia de la Lengua como un: «Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida» (RAE, 2018) por tanto, extrapolar este concepto al mundo empresarial es de suyo complejo, al considerar que las organizaciones empresariales carecen de una voluntad independiente de las personas individuales que las componen, lo que dificulta la incorporación del concepto de moralidad a un ente ficticio.

Desde otra perspectiva, es posible comprender ética como: «… un saber normativo que pretende orientar las acciones de los seres humanos. Y la ética empresarial es la aplicación de los valores morales y los principios éticos al ámbito específico de la empresa» (Martínez Herrera, 2011, p. VII). Para este autor, la ética empresarial surge de la aplicación de los principios generales de la ética al quehacer de las organizaciones económicas, de tal manera que serán los mismos fundamentos básicos los que deberán analizarse en el marco de sus acciones.

Al analizar la forma de comportamiento que presentan las personas jurídicas, analizando el concepto de ética basado en una postura filosófica que comprende la distinción entre el bien y el mal, adecuando el actuar de la empresa a esta visión, resulta forzado suponer que las personas jurídicas adecuarán su actuar a estos criterios, sin embargo, debemos entender que, en la práctica, estos criterios subjetivos son aplicados por las personas naturales que conforman dicho ente colectivo, y en ese sentido, esa conciencia del bien y el mal estarán dadas por las concepciones propias de quien dirige la compañía.

Así ante el planteamiento social que exige a las organizaciones empresariales un fundamento ético de sus actuaciones, ha llevado a la ciencia de la administración de empresas analizar la manera en que dichas organizaciones se comportan bajo el análisis de este prisma, pudiendo definir la ética empresarial como: «Los principios morales y los estándares éticos que guían el comportamiento empresarial» (Rezaee, 2009, p. 61).

La ética se ha convertido en una guía al interior de las organizaciones empresariales para la creación de los programas de cumplimiento. Así como la ética es una guía para los seres humanos, al interior de la organización los administradores escogen aquellas acciones que guían su conducta en razón de los intereses de sus miembros (Singh & Bussen, 2015, p. 16).

Si bien es cierto que en una primera etapa la ética no era un aspecto que naturalmente se le entregara a las organizaciones empresariales, con el tiempo, al separar la propiedad de las empresas con su administración se debió ajustar este aspecto, ya que como plantea Martínez Herrera: «La ética empresarial surge después del siglo XX cuando la pequeña empresa tradicional evoluciona formal y jerárquicamente, separando la dirección y la propiedad de las compañías» (Martínez Herrera, 2011).

Desde casos tales como el de la auditora internacional Arthur Andersen, la cual no sólo vio perjudicado su prestigio al verse involucrada en conflictos éticos, sino que, aun cuando nunca se probó la realización de una auditoría falsa a Enron en tribunales, bastó la acusación, para afectar los resultados financieros de la compañía en forma definitiva (Steinberg, 2011). Se ha observado que más allá del daño legal que puede sufrir una organización, el daño reputacional corresponde a un foco de interés que debe ser considerado dentro del análisis de riesgos a revisar por el oficial del compliance en la gestación de la política.

Con todo, existe el riesgo de convertir las políticas de cumplimiento en una mera imagen, para evitarlo, de acuerdo a Singh: «… necesita no solo que los negocios cumplan con la ley, sino que también aquellos esfuerzos de compliance deriven de una visión ética que sea consistente con la noción pública de como los negocios deberían ser» (Singh & Bussen, 2015, p. 17).

Una de las barreras conceptuales que surgen dentro de la empresa en la gestación de una política de cumplimiento basada en estándares éticos es aquella que indica que los principios éticos son innatos en las personas, conductas aprendidas desde el entorno familiar, pero éste es un error, para Singh: «Nuestra crianza, nuestra comunidad y nuestra cultura influyen en nosotros e incluso son decisivos, al momento de formar nuestra perspectiva ética. Es por esto que las leyes existen» (Singh & Bussen, 2015, p. 18).

En el derecho corporativo anglosajón, ha surgido el concepto de «CRS», que incorpora el compliance, el manejo de riesgos y la responsabilidad social corporativa, articulando un sistema de control de riesgos coherente, consistente con las actividades desarrolladas por la organización empresarial.

Los conceptos de responsabilidad social y ética tienden a confundirse, las empresas socialmente responsables de acuerdo con Tricker: «… reconocen una responsabilidad por los impactos que pueden producir en los accionistas, las comunidades y el medioambiente, balanceando así sus intereses con la necesidad de hacer que sus ganancias crezcan y satisfagan a sus socios» (Tricker, 2009, p. 350). Por otra parte, la ética enfoca su quehacer en el comportamiento de la organización y su conducta, lo que las lleva a establecer políticas y códigos de ética aplicables a sus colaboradores (Tricker, 2009).

De tal manera resulta desafiante comprender qué se entiende por comportamiento ético de la empresa, a menos que se considere que al igual que cualquier ente colectivo dependerá del comportamiento que se considere adecuado por los diversos actores que conforman a la organización. Así, desde una perspectiva sistémica, cualquier actor que ingrese a la compañía podrá potencialmente convertirse en un agente de cambio para la forma de diseñar, aplicar o comprender los parámetros éticos de la organización.

La labor que realiza el código de ética de la compañía, más allá de la enunciación de aquellos principios que se consideran correctos por la organización, está dado por la promoción de un comportamiento ético y profesional, particularmente en la dirección de la organización, y estableciendo la estructura moral de la misma (Rezaee, 2009, p. 61).

Otro de los desafíos que deben ser enfrentados por la toma de decisiones en materia corporativa está dada porque la aplicación práctica de las decisiones empresariales no sólo deben basarse en la ley, sino que en la costumbre, certificaciones y reglamentos, que en muchos casos se aplican dentro de la estructura de una empresa, y que deben ejecutarse en forma voluntaria por las organizaciones a las que rigen (Eisenberg, 1993).

La visión inicial de que comportamientos reñidos con la ética no serían percibidos por las organizaciones como negativos ha probado con el tiempo estar errada. Los efectos de estos comportamientos se basan en la comunicación que es recibida por los grupos humanos que interactúan desde y hacia la organización (Steinberg, 2011, p. 11), afectando la imagen del o los ejecutivos afectados por el cuestionamiento ético sin importar su posición dentro de ésta.